Las dudas que rondan la primera visita al ginecólogo
2010-01-11 00:00:00 // by: pontecool
Los prejuicios de la sociedad llevan a eludir y retrasar una decisión que a muchas niñas les significaría prevenir más de un problema serio en la adultez. Vergonzoso y traumático son algunos calificativos típicos al recordar la primera visita al ginecólogo: algunas niñas se vieron sorpresivamente en la obligación de ir a raíz de un malestar, otras por estar ya en riesgo de embarazo, casi ninguna por el simple hecho de controlarse (lo que quizás las habría hecho sentirse en una situación mucho más natural).
"El dilema es que en nuestra sociedad la ida al ginecólogo es compleja", explica la doctora Pamela Oyarzún, del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente de la Universidad de Chile (Cemera). Es un problema cultural, pues el tema tiene un trasfondo de genitalidad, intimidad y de la asociación entre consulta ginecológica y mujer adulta.
Por lo tanto, no se entiende que una niña supuestamente sana vaya a un ginecólogo, a no ser que se le vincule con el tema de sexualidad.
Antes de la menarquia
Pero lo cierto es que si esta consulta se realizara en forma oportuna -y no necesariamente tras iniciada la actividad sexual- se podrían prevenir muchas complicaciones.
Desde la pubertad, Daniela Leiva (17) oía hablar del ginecólogo y le interesaba la idea. "Sentía curiosidad por mi desarrollo, además era como hacer algo de adultos, pero no me atreví a decirle a mi mamá. Finalmente, hace poco sufrí una infección urinaria y tuve que ir igual, pero fue horrible, porque sin mayor introducción tuve que subirme a una camilla".
Para evitar todas esas situaciones tensas e imprevistas es que se recomienda que la primera consulta surja lo antes posible: a modo de control sano de rutina, a continuación de la etapa pediátrica.
"Así se le quita el estigma de que sólo se visita al ginecólogo cuando se tiene vida sexual, además que la educación que se consiga entregar será a tiempo, pudiéndose prevenir incluso una iniciación precoz de aquélla", afirma la ginecóloga infanto-juvenil de Clínica Alemana, Andrea Schilling.
Lo ideal es que la primera cita sea al empezar el desarrollo endocrino-sexual, que en las niñas se asocia con la aparición del botón mamario. Entonces, "se les explica paso a paso qué ocurrirá con ellas, y es muy bueno que tengan clara su secuencia puberal, porque si se altera puede ser signo de patología, lo que las menores serán capaces de advertir", agrega la doctora.
Además, se les contestan adecuadamente todas las dudas, evitando más de un problema de autoestima, como el que a veces sienten cuando aparecen sus mamas, el acné o el hirsutismo.
Si todo va bien, se espera que la segunda consulta venga con la menarquia y, posteriormente, un encuentro cada año. Realizar el primer control al momento de la primera regla puede ser, a su juicio, demasiado tarde si se desea, por ejemplo, intentar terapias de crecimiento.
Las citas con el ginecólogo son también una instancia para aprender a conocer el calendario menstrual, tener una correcta higiene (previniendo infecciones e irritaciones) y, por sobre todo, adquirir el hábito de visitar al ginecólogo periódicamente. Algo que a muchas mamás también les hace falta.